A PROPÓSITO DEL ARTÍCULO"VERDADERA RESISTENCIA"
Estimado amigo:
Estoy con la salud un poco quebrantada, lo que, agregado a mis muchos años, hace que no pueda dedicarme a leer todo lo que quisiera sobre la situación en que nos encontramos, de modo que recién hoy he visto su artículo "La Verdadera Resistencia Católica", con el cual, lamento decirlo, disiento.
Habla usted de la "resistencia de antaño", como si hoy no la hubiera.
Creo que no tiene en cuenta que en aquel entonces, estábamos en el comienzo de este desastre y el asunto era NOTICIA. No olvide los titulares que precedieron la llegada de Monseñor Lefebvre a nuestro país: "Ya llega", "Se acerca", etc., etc., etc. Me tocó vivirlo de cerca, pues el día en que Monseñor fue a mi casa, la multitud de periodistas que cubrieron el hecho, fue agobiante. ¡Es que era el primer obispo que se oponía al "Papa"!. Así y todo, los medios no habían dado la misma difusión (por lo menos aquí), a la acción del Abbé de Nantes.
Se refiere usted a la venida del P. Barbara y del P. Saenz y Arriaga. En esa ocasión, estuve con ellos en Buenos Aires, hablaron en la Casa de Ejercicios y ya allí pudo notarse cierta disensión entre ellos; poco después del viaje, cada uno siguió su rumbo. ¡Atención! Con esto no quiero quitarle valor a sus respectivas acciones, pero creo necesario destacar lo difícil que es aunar criterios cuando falta una cabeza.
Hasta su desaparición, recibí la revista del P. Barbara "Forts Dans la Foi", de modo que fui testigo de los vaivenes teológicos que tuvo, algo lógico, ¡la falta de Cabeza! Además, usted debe estar al tanto de cómo lo denostaba el Dr. Carlos Disandro, que hasta llegó a decir que el P. Barbara era judío.
Por su parte, el P. Joaquín Saenz y Arriaga seguía su lucha en Méjico, en una ocasión, tuve el privilegio de visitarlo.
Varios años después, alojé en mi casa al P. Barbara, que había venido acompañado por el Abbé Zins, posteriormente, se separaron virulentamente ¡nuevamente la falta de una cabeza!
Recuerdo todo esto, no para quitar mérito a sus actores, que lo tienen y mucho, creo que gracias a ellos, y, por supuesto a la Gracia de Dios, no estamos dentro de la falsa iglesia, sino para que recordemos que no todo fueron rosas.
La lista de desacuerdos y separaciones sería interminable, usted mismo no puede ignorar las ocurridas en el seno del grupo del Dr. Carlos Disandro, que aún persisten.
Pero ¿A qué viene este pequeño listado de “calamidades”? Es que quiero señalar que la cosa no es tan simple y no se puede juzgar tan severamente como lo hace usted.
Dice textualmente: “Lamentablemente, hoy, ni siquiera con el ejemplo de dichos antecesores de por medio, inconcebiblemente (mal que nos pese decirlo), desde el ámbito eclesiástico, nadie, absolutamente nadie, es capaz de emular -ni medianamente- a aquéllos, saliendo a la palestra PÚBLICAMENTE en defensa de la Iglesia Católica."¿Está usted tan seguro de lo que escribe? Además, me parece que ignora las dificultades que pueden enfrentar. ¿Cree usted que es tan fácil lograr que un medio publique noticias relativas a lo que nos interesa? Es que nos ignoran olímpicamente, porque lo nuestro, NO ES NOTICIA.
La prensa se ocupa de nosotros, sólo cuando huele escándalo, como por ejemplo en 2004 y 2997 con lo que ocurrió aquí en Córdoba. (Ver AQUÍ y AQUÍ)
¿Cree usted que si algún obispo o sacerdote pretendiera que los medios publicaran algo relativo a la situación actual, lo conseguiría? La única forma sería por medio de costosas solicitadas (que nadie leería), y que por otra parte, no hay con qué pagar.
Dice usted con no disimulado desprecio, que “a lo sumo hacen oír su voz en algún sitio de Internet sólo conocido en el ámbito tradicionalista” ¿Sabe usted si con esos sitios han convertido gente? Yo puedo decirle, que, gracias a mi más que humilde sitio, algunas almas han abierto los ojos y se han acercado a la verdadera Fe.
¿Qué sugiere usted que hagan? Reunir ejércitos para llevar a cabo “gestas gloriosas en defensa de la cristiandad”?
Perdóneme, pero esas son utopías, si bien hay que tener los ojos puestos en el cielo, se deben tener los pies muy bien plantados en la tierra y no pretender quimeras.
“Recluidos orondamente en sus recoletas capillas privadas”, hacen silenciosamente lo que pueden: forman sacerdotes, ORAN y prestan auxilio espiritual a sus fieles.
¿Qué hacían distinto los pioneros que usted nombra? ¡Exactamente lo mismo, con los medios con los que contaban en la época! Publicaban libros, revistas, etc., y SE OCUPABAN DE LAS ALMAS!
En cuanto a “reunirse en algún sínodo… para aportar alguna luz en esta hora de desolación, de confusión y de tinieblas”, ¿sabe usted que eso ya se ha intentado y el resultado fueron más divisiones? ¡Hay que ser realistas: falta la cabeza! "Heriré al Pastor y se desparramarán las ovejas".
Por otra parte, sé positivamente que muchos de los eclesiásticos que usted denosta, para mantenerse firmes han sufrido grandes privaciones y llevado a cabo tremendos sacrificios.
Creo, y sólo es mi modesta opinión, que cada uno debe ocuparse de cumplir su rol sin tratar de juzgar al resto y sin pretender que los demás se comporten como nosotros creemos que deberían hacerlo.
¿Acaso quiere usted un Cónclave? ¿Sabe los desastrosos resultados de los varios que se llevaron a cabo?
Cordialmente,
Olga
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